Pandemias y ciudades

Anteriormente en BE DELIBERTY ya habíamos hablado de la tendencia a mudarse a las afueras y el éxodo rural. Profundizando en este tema, en relación a la crisis sanitaria y del modelo urbano, hablamos sobre el impacto de la COVID en el modelo de ciudad y cómo los buzones inteligentes son una herramientas de sostenibilidad.

Todas las pandemias han dejado huellas en la forma de entender el modelo de ciudad, hasta el punto de que algunos historiadores defienden que nuestros modelos urbanísticos están totalmente vinculados a la salud pública y la contención de las enfermedades.

La peste negra, que se registró como la pandemia más devastadora hasta a la fecha, provocó el derribo de las murallas en las ciudades europeas y el rediseño de la estructura vial. La peste de 1665 hizo que Londres se expandiese hacia lo ancho en lugar de hacia lo alto y los edificios dejasen de ser hechos en madera para ser construidos en ladrillo.

La pandemia que afectó a la población del municipio guipuzcoano de Pasajes fue la causante de que a finales del siglo XVIII se tomase la decisión de trasladar los cementerios al exterior de los muros. Y la peste bubónica o el cólera son los responsables de la reorganización del sistema de conducción de aguas.

La disciplina urbanística tiene como punto de origen el intento de control de las enfermedades infecciosas que diezmaban la población durante la primera Revolución Industrial. Las primeras leyes urbanísticas fueron las higiénico-sanitarias y pretendían regular las actividades fuera de las zonas densas, incluyendo redes de abastecimiento de agua y alcantarillado.

De esta época, finales del XIX, datan los intentos organizativos del sistema productivo-social a partir del planteamiento espacial de C. Fourier, el modelo ciudad-jardín de E.Howard o el concepto de ciudad de Arturio Soria, que buscan una armonía entre el entorno urbano y la naturaleza.

Lo cierto es que gran parte de las ciudades europeas se nutrieron de estas ideas y desarrollaron modelos de crecimiento desde los planteamientos modernistas. Sin embargo la escasez del suelo o la especulación produjeron (especialmente en la década de los 60 y 70 del siglo XX) crecimientos sin planificación o fuera de los planes de ordenación. Como consecuencia de ello el modelo de ciudad que heredamos y sobre el que se sustentan nuestros hábitos sociales actuales, tanto de movilidad como productivos, tienen que ver con la superpoblación.

La COVID lo que ha hecho es señalar de forma estas problemáticas, haciéndolas evidentes al análisis macro. A pesar de estar en estos momentos saturados de información y de datos, en el balance final de la expansión del virus se retrata perfectamente el protagonismo de la ciudad como vector de expansión.

Las ciudades evolucionan junto con el conjunto de su población hacia el empobrecimiento social y el envejecimiento para conformar verdadero cuellos de botella. Como sugiere el profesor Chong la expansión de los virus no es simétrica y tiene que ver con variables de tipo económico y hábitos de vida. No se contagian de la misma forma los profesionales liberales que las personas que trabajan en el sector servicios, las mujeres o los hombres. El cruce de datos de contagio con la renta daría una imagen más nítida de esta cuestión.

 

Muchos arquitectos y urbanistas están tratando esta crisis como una oportunidad de reorientar el modelo de ciudad, preguntándose por cuales son las medidas a tener en cuenta a nivel global, local y desde la gestión municipal. Una vez solucionada la emergencia sanitaria no debemos olvidar la necesidad de modificar el paradigma habitacional. Según Chong existe una necesidad institucional de ajustarse a estas nuevas lógicas y será necesario generar una ciudad más inclusiva, sostenible y habitable.

A partir de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) y de la Nueva Agenda Urbana, parece necesario incidir en los aspectos que generan más desigualdad en el contexto urbano: la densidad, las conexiones o la distribución de espacios y los servicios públicos. Es necesario conectar la ciudad a modelos de gestión en los que los desplazamientos sean a pie o en bicicleta, haya un mayor número de zonas ajardinadas o el conjunto de los servicios esenciales estén disponibles para la ciudadanía en los barrios. El papel del comercio local, como eje motor de ese abastecimiento, es esencial.

Maria Buhigas, del Ayutamiento de Barcelona señaló recientemente la necesidad de aprovechar el impacto de esta crisis y las reflexiones surgidas de ella como un laboratorio del que se desprendan nuevas regulaciones y normativas. En esa línea la regidora propone -en la línea de Chong- marcar como urgentes la accesibilidad a los servicios básicos, la cuestión de la digitalización y el modelo de ciudad turística. La urgencia de algunas medidas ha de ir en paralelo con el cambio estructural.

Guillermo de Peñalosa, director de la organización 8-80 Cities, afirma que las ciudades en los últimos cuarenta años se han diseñado desde la segregación. Sin planificación la tendencia del modelo urbano ha ido a reforzar también el del modelo productivo de servicios, que incluye más movilidad y precariedad. Las ciudades están articuladas desde un punto de vista que gira en torno a un ciudadano capacitado para moverse de ciertas formas, consumir de ciertas formas y trabajar de ciertas formas. Ni los niños ni los ancianos forman parte del modelo de ciudad, tampoco las personas con alguna capacidad disminuida o con necesidades específicas de movilidad.

 

 

A la hora de imaginar la ciudad ideal, el asesor urbanístico Guillermo de Peñalosa se plantea siempre una pregunta: ¿Qué pasaría si esta tuviera que ser excelente para una persona de ocho años y otra de 80? “Es un indicador. Si es bueno para el de ocho y es bueno para el de 80, es bueno para todos”, explicó. “Tenemos que parar de hacer ciudades como si todo el mundo tuviera 30 años. Tenemos que hacer ciudades para todos”.

De Peñalosa opina que la actual crisis ha demostrado que estamos interconectados. El enfoque por tanto en la adecuación de las políticas urbanas a los retos y oportunidades que ha planteado la pandemia, será local. Mejorar la movilidad, repensar las zonas comunes, construir parques y zonas de ocio polivalante.

El profesor Ávaro Cuéllar plantea una remodelación del espacio colectivo en tres niveles:

1. El plano urbano

El plano urbano engloba la interrelación entre las plantas bajas de lo construido y el espacio público que le rodea. El cierre de números locales en planta baja debido a la crisis, hace necesario repensar estos espacios y sus usos.

2. El plano de fachada

Aquí se incluyen balcones, corredores, paseras y los elementos visibles desde el espacio colectivo y/o de los patios comunitarios. La expansión de lo doméstico hacia estos espacios durante el confinamiento hizo que estos usos puedan ser incorporados a la reflexión sobre el modelo habitacional.

3. El plano de cubierta

Las azoteas se han redescubierto como un espacio de gran potencial para expandir el espacio colectivo al aire libre. En estos espacios, con un nuevo planteamiento de aprovechamiento (uso, energía), hay un futuro en el desarrollo de la nueva ciudad.

Según Cuéllar, plantear una ciudad más sostenible con un modelo desplegable, con usos polivalentes, que activen y recompongan estos tres niveles que describe, es una posible solución.

 

En definitiva, estamos ante el inicio de cambios. Cambios que tienen que ver con reorientar la ciudad hacia las personas generando nuevos espacios abiertos y verdes. Nuevas dinámicas que hagan más fácil la vida de la gente, para que se pueda dedicar más tiempo libre al ocio, el deporte y el descanso. Lo que viene es un mundo en el que la digitalización, el acortamiento de los procesos productivos y los desplazamientos va a imponerse como una norma. Teletrabajo y conciliación familiar, pero también un sistema productivo más ajustado al modelo social actual.

En DELIBERTY estamos trabajando desde esta perspectiva. Creemos en que las nuevas ciudades o, mejor, la revisión de las ciudades en las que ya vivimos, deben ser más sostenibles y más verdes. Nuestros buzones inteligentes para paquetes y nuestros taquilleros pretenden ser herramientas para ese futuro urbano postpandemia.